TEAMGROUP T-FORCE G70 PRO M.2 2280 PCIe Gen4x4 SSD

Cómo evitar que su unidad SSD pierda velocidad con el paso del tiempo

Las unidades SSD han reemplazado a los discos duros como almacenamiento principal porque son mucho más rápidas, no tienen piezas móviles y eliminan el ruido y el desgaste mecánico. Su formato suele ser delgado y compacto. Sin embargo, esa sensación de respuesta instantánea no es eterna. Con los años, muchos usuarios notan que sus SSD no funcionan a la misma velocidad que al principio, sufriendo arranques más lentos, aplicaciones que tardan en abrirse y transferencias de archivos que se ralentizan.


El origen está en la propia arquitectura del flash NAND. Para escribir nuevos datos, un SSD necesita bloques vacíos completos. Al principio hay abundancia de bloques libres y todo va rápido. Conforme se llenan, la unidad dedica más tiempo a localizar celdas libres o a mover datos para consolidar espacio.

Ese mantenimiento interno -a veces llamado recolección de basura- se ejecuta en segundo plano, pero si faltan bloques libres puede alargarse y aparecer durante las escrituras, aumentando la latencia. Además, ese trabajo extra genera lo que se conoce como amplificación de escritura, que a la larga contribuye a reducir la vida útil del disco. Por tanto, es normal que un SSD se sienta menos rápido pasados varios años; forma parte de cómo gestiona los datos el propio hardware.

Mejora la velocidad del SSD activando TRIM

No es necesario recurrir a utilidades externas para intentar recuperar rendimiento. Windows incorpora una orden que ayuda a la unidad a saber qué bloques pueden borrarse con seguridad: TRIM. Comprobar si está activo se hace con el comando:

fsutil behavior query DisableDeleteNotify

Si el resultado es DisableDeleteNotify = 0, TRIM funciona. Si no, se puede activar con:


fsutil behavior set DisableDeleteNotify 0

Otra vía es ir a Propiedades -> Herramientas de la partición de arranque y clic en Optimizar; si la opción “Optimización programada” está activada, Windows ya ejecuta la tarea periódicamente. Si el estado muestra que la unidad no se ha optimizado en meses, es posible lanzarla manualmente.

Además, es muy recomendable mantener espacio libre entre un 10% y un 15% del SSD, ya que ayuda a que la limpieza interna sea eficiente. Aunque pueda parecer un desperdicio, en un disco de 2 TB (1,8 TB útiles) eso equivale a unos 200–250 GB. Evitar llenar la unidad hasta el límite mejora el rendimiento y alarga su vida.


Otra consideración es elegir SSDs con caché DRAM, que llevan un chip dedicado que guarda las tablas de mapeo y facilita las tareas internas, con beneficios en velocidad y longevidad, y sin un coste muy superior frente a las unidades sin DRAM.


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