Lip-Bu Tan, el hombre al mando de Intel, durante la reciente Cumbre de IA de Cisco, anunció que van a por todas con las unidades de procesamiento gráfico, las conocidas GPU. Aunque Nvidia lidera el sector con mano de hierro, en Intel creen que hay hueco para un nuevo jugador que fabrique a escala y para todos.
El plan no es solo una idea en el aire; hay nombres propios detrás del timón. Kevork Kechichian, que manda en el grupo de centros de datos desde septiembre, coordina esta nueva andadura tras una serie de contrataciones centradas en la ingeniería. A él se une Eric Demers, un fichaje de enero que viene de Qualcomm con una mochila de trece años de sabiduría técnica. Tan admite que convencer a perfiles de este calibre requiere persistencia, pero el objetivo es crear una hoja de ruta que sirva tanto a los que juegan en casa como a las grandes empresas que entrenan modelos IA.
Esta incursión parece estar en sus días iniciales. La estrategia se va a moldear según lo que pidan los compradores, aunque el CEO ya confirma que sus fundiciones están listas para trabajar a gran escala. No solo fabricarán sus propios productos, sino que también producirán para otros proveedores.
Próximos lanzamientos de Intel
El mapa de lanzamientos ahora tiene una cadencia anual. Ya se oyen nombres como Crescent Island, pensado para tareas de inferencia, y Jaguar Shores, que asoma en el horizonte como la siguiente gran propuesta.
En el lado del usuario de a pie, las tarjetas Battlemage que salieron a finales de 2024 y las variantes Pro de la segunda mitad de 2025 sirven para medir la temperatura del proyecto. Son la prueba de que el Equipo Azul quiere ser su propio fabricante y, de paso, competir en el terreno del acelerador de IA.
Muchos ojos miran ahora hacia la feria Computex. Allí puede aparecer la Arc B770, un modelo que pondría a prueba la capacidad de Intel para pelear en la liga de las tarjetas gráficas. Los números de la gráfica integrada Xe3 Celestial, que acompaña a los chips Panther Lake, ya dan pistas de que pueden competir contra las soluciones de AMD.
Si los costes cuadran y la producción en las fundiciones propias funciona como un reloj, Intel puede encontrar por fin esa estabilidad que tanto ansía en una industria que no espera a nadie.