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3 razones por las que tu emprendimiento no despega

Todos los días, alrededor del mundo, dan su puntapié inicial startups y emprendimientos de lo más variados. Se trata de miles de personas que quieren dejar de trabajar para otras, persiguiendo el sueño de la empresa propia. Sin embargo, los comienzos pueden ser más difíciles de lo que tú crees. Y aunque no hay recetas mágicas que funcionen, sí resulta mucho más sencillo comprender qué errores pueden condenarte. Por eso, en las próximas líneas, vamos a hablar de los motivos que no dejan que tu emprendimiento triunfe.

Lo primero que tienes que tener en cuenta, es que levantar un negocio se asemeja a construir una casa. Es importante disponer de materiales de calidad, claro está. Pero también seguir un orden correcto de nuestras acciones. Apresurarnos e intentar llegar al techo antes de que las estructuras estén firmes, puede hacer que la vivienda se derrumbe. Y ya sabes, si se derrumba, costará mucho tiempo y dinero recuperarla de nuevo.

De tal modo, para que a tu emprendimiento no le suceda esto, te recomendamos que sigas leyendo. Intentaremos analizar las razones más habituales por las que una startup fracasa. Así tendrás la posibilidad de identificar si estás cayendo en alguna de estas fallas operativas, y revertirla antes de que sea tarde.

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Equivocaciones usuales que perjudicarán tu emprendimiento

Centrarse en las ventas antes que en el producto

Indiscutiblemente, es el error más repetido por parte de los emprendedores que dan sus primeros pasos. Pensemos un poco en algunas de las aplicaciones más populares que usamos en nuestros smartphones. Cada vez que los desarrolladores generan una nueva versión, la ponen a disposición de unos pocos usuarios. Éstos la testean, devuelven opiniones, se corrigen fallas y, recién entonces, se lanza oficialmente.

Lo mismo debería ocurrir con tus productos. Antes de intentar llevarlo al grueso de tu público potencial, tienes que perder bastante tiempo intentando mejorar tantos aspectos como sea posible. Sobre todo porque, en la etapa inicial, vas a obtener devoluciones de personas cercanas a ti. Y, de forma consciente o inconsciente, éstas suelen ser más generosas. Así que busca algunos extraños, pero pocos, para las pruebas. Busca saber qué le mejorarían a tu producto o servicio. Qué le falta y qué echan de menos.

Y hay otra sencilla explicación de por qué seguir esos pasos. Si inviertes demasiado en unidades porque planeas muchas ventas rápidas, y luego no las consigues, pondrás en riesgo la continuidad del negocio.

Buscar clientes nuevos, dejando a los viejos de lado

Muchas escuelas y tendencias actuales insisten en la necesidad de buscar nuevos clientes constantemente. Pero, a menos que seas un maestro del equilibrio, eso producirá que pierdas de vista a quienes ya confían en ti. La idea de que cuantos más clientes consigas más ventas tendrás no es falsa, pero sí algo imprecisa.

Una base de clientes original poco explotada aún tiene mucho para dar si nos centramos en ellos. Mantener un consumidor cuesta varias veces menos tiempo y dinero que buscar conquistar uno nuevo. Por lo que si, mientras logras llamar la atención de alguien, estás dejando disconforme a otra persona, vas a pérdida.

Aumentar lentamente tu base de clientes en simultáneo fidelizas a los que ya te elijen es la mejor manera de ir creciendo en el mercado. En otras palabras, si bien no está mal que pretendas transformar tu producto o servicio en un imprescindible para nuevos usuarios, que no deje de ser agradable haberlo gastado en él para quienes ya lo hicieron. Esa es una fórmula más cercana al éxito.

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Tratar a los empleados como si fueran desechables

Por último, pero no por eso menos relevante que lo anterior: tu emprendimiento está en peligro si maltratas a tus empleados. Y por maltrato nos referimos específicamente a que les hagas sentir que puedes prescindir de ellos en cualquier momento. Eso no te augura resultados nada buenos.

Las nuevas empresas requieren mucho tiempo, esfuerzo y compromiso para consagrarse. Y esta dedicación no involucra únicamente a su propietario, sino a cada uno de los individuos que la componen. Si no logras desarrollar ese sentimiento de familia, de comunión, puedes estar seguro de caer en desgracia.

En principio, te recomendamos que analices muy bien los perfiles que vas a incorporar a tu emprendimiento. Si aciertas con la elección de tus empleados y ves que su rendimiento es el adecuado, es menos probable que vayas a frustrarte o tener malos tratos para con ellos.

Por ejemplo, si buscas un experto en marketing de productos, debes contratarlo cuando realmente requieras de sus servicios, porque nadie más puede hacer lo que un especialista en este campo hace. Sumado a tu equipo, no debes obligarlo a llevar adelante labores por las que no fue contratado.

De más está decir que el buen trato va más allá de un sueldo digno y acorde a su sacrificio y talento. Preocuparte por sus cuestiones personales no está mal visto. Ceder en alguno de sus reclamos, tampoco.

Así evitarás renuncias injustificadas que puedan dejar tu negocio tambaleando en el peor momento.


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