Los costes de fabricación de teléfonos móviles aumentarán un 25 % durante este año debido al encarecimiento de las memorias RAM (DRAM, además de NAND), cuyos valores de mercado han alcanzado cuotas nunca vistas, esto se verá reflejado en el precio para el cliente final.
No estamos ante un pequeño ajuste de precios, sino ante una subida que supera el 70 % en el caso de la RAM y que llega a duplicar el anterior precio en el almacenamiento. Esta tesitura ha obligado a diversas marcas a replantearse la configuración de sus móviles más básicos, barajando seriamente la vuelta a los 4 GB de memoria, una cifra que ya creíamos superada. Si a esto le añadimos que los nuevos procesadores de dos nanómetros también supondrán un desembolso mayor, el resultado es un horizonte donde los móviles se volverán un lujo bastante más costoso.
Nadie queda fuera de este escenario de escasez, ni siquiera las empresas más poderosas de la industria. Se sabe que incluso compañías del calibre de Apple han tenido que movilizar a sus cuadros directivos para negociar cara a cara y con urgencia contratos de suministro con Samsung o SK hynix. La situación es tan tensa que se han llegado a sufragar estancias prolongadas en el extranjero solo para asegurar que sus próximos dispositivos no se queden sin los chips necesarios.
Por otro lado, algunas han logrado sortear la tormenta mediante pagos anticipados por sus suministros, una estrategia que, paradójicamente, ha contribuido a vaciar el mercado para los demás competidores. Esta dinámica de acaparamiento preventivo ha agilizado la falta de stock y ha dejado a los fabricantes de electrónica de consumo en una posición de clara desventaja frente a los grandes centros de datos.
La voracidad de la IA deja las estanterías vacías de componentes
La raíz de esta carestía se encuentra en la alta demanda de componentes para alimentar los centros de datos dedicados al procesamiento de inteligencia artificial. Las fábricas de memoria están priorizando estos pedidos, dejando las migajas para los productos destinados al ciudadano de a pie, llegando incluso a causar el cierre de marcas muy conocidas para centrar esfuerzos en el sector corporativo.
Aunque los directivos de estas compañías aseguran que su intención sigue siendo abastecer al mercado global, la realidad es que la ampliación de las factorías no ofrecerá un alivio real hasta bien entrado el año 2028. Mientras tanto, se recomienda a los fabricantes de ordenadores y móviles que limiten la variedad de sus modelos para no entorpecer la cadena de montaje, lo que se traduce en menos opciones para el comprador.
Para colmo de males, este hecho se extenderá a televisores, tabletas y relojes inteligentes, ya que cualquier dispositivo que requiera memoria RAM estará bajo la misma presión económica. Ante este callejón que parece no tener salida, algunas empresas han empezado a mirar hacia proveedores menos habituales en el mercado asiático, concretamente en China, ya que el cambio de suministrador podría ser una salida viable para mantener los precios a raya sin que el rendimiento final se resienta demasiado. Al fin y al cabo, al usuario le importa poco quién firme el chip interno mientras el aparato no le cueste un ojo de la cara y funcione correctamente.
Las compras compulsivas de inventario por parte de los grandes sistemas hacen pensar que este periodo de vacas flacas nos acompañará, al menos, un par de años más.